El tono, el valor o luminosidad y la saturación son las variables básicas de un  color y operan siempre de manera conjunta.

Tono: es el croma de un color y depende de la longitud de onda dominante. Es la cualidad que permite clasificar a los colores como amarillo, rojo, violeta, etc. El matiz se mide de acuerdo con la proximidad que tiene un color con relación a otro que se halle próximo en el círculo cromático; por ejemplo: verde amarillento, naranja rojizo, azul violáceo, etc.

Valor o luminosidad: indica las luminancias de un color; es decir, el grado de claridad u oscuridad que posee como cualidad intrínseca. Dentro del círculo cromático, el amarillo es el color de mayor luminancia y el violeta el de menor.

Independientemente de los valores propios de los colores, éstos se pueden alterar mediante la adición de blanco que lleva el color a claves o valores de luminancia más altos, o de negro que los disminuye.

Saturación: se refiere al grado de pureza de un color y se mide con relación al gris. Los colores muy saturados poseen mayor grado de pureza y se presentan con más intensidad luminosa en relación con su valor. Los colores con menor saturación se muestran más agrisados, con mayor cantidad de impurezas y con menor intensidad luminosa.

Pero, además de las enunciadas, hay otra variable especialmente importante cuando se trata de fotografía y su procesamiento digital: el contraste simultáneo.

Contraste simultáneo: alude a la influencia recíproca de un color con relación a otro; a la capacidad que tiene un color de modificar a otro que se encuentra en su proximidad hacia su complementario.

Un mismo color situado sobre dos campos de color distintos se ve modificado en dos de sus variables, matiz y valor.

Por ejemplo, un naranja situado sobre un campo verde se hace notoriamente más rojizo y por lo tanto más oscuro, ya que de su ubicación original dentro del círculo cromático se ve desplazado hacia el rojo.

Si colocamos ese mismo color sobre un campo azul violáceo, observamos que se hace más amarillento y, por lo tanto, más luminoso, ya que dentro del orden determinado por el círculo cromático se desplazó hacia los amarillos.

Si colocamos un gris sobre un fondo anaranjado se oscurece, a diferencia de cuando lo colocamos sobre un rojo, donde se aclara.

Este cambio en la percepción se debe a un fenómeno fisiológico. Nuestra vista se satura del color que posee mayor área dentro del espacio y, en consecuencia, tiñe del color complementario al color o colores que se encuentran en su proximidad.

Así, en el primer ejemplo el campo verde tiñe de rojo al anaranjado y el violeta lo tiñe de amarillento. En el segundo ejemplo el campo amarillento tiñe de azul al gris y el rojo de verde.

En fotografía este concepto tiene una doble importancia, ya que influye a la hora de seleccionar el color del fondo de las tomas, cuando se trata de realzar la tonalidad del objeto principal; pero también es muy importante cuando se evalúan las imágenes en un monitor de una computadora, ya que del color del fondo de la pantalla va a depender en gran medida como percibamos los colores que ella representa.