por Juan José Detzel.

La luz natural.

La luz natural o luz solar puede usarse directa o indirectamente como luz reflejada (rebotada en una superficie plana) o filtrada (por las nubes).

En muchos casos esta fuente de luz puede complementarse con la luz de un flash, para disimular las sombras, por ejemplo.

La luz natural es la usualmente empleada y las más adecuada para realizar fotografías en exteriores, como pueden ser paisajes, animales silvestres, retratos al aire libre, etc.

También suele ser una importante fuente cuando se realizan tomas en interiores. Con la luz solar que ingresa por las ventanas, por ejemplo, puede lograrse efectos muy creativos, que realcen volúmenes, recorten perfiles, acentúen líneas, etc.

La luz natural es muy valorada por casi todos los fotógrafos, los que suelen tratar de utilizarla en toda su potencialidad, explotando distintas condiciones climáticas y descubriendo sus más bellas manifestaciones.

El amanecer y el atardecer son las horas más valoradas porque el ángulo de incidencia de los rayos es bastante bajo, lo que posibilita realizar tomas en contraluz, con luz frontal y con luz lateral.

Otra característica interesante de la luz del atardecer y del amanecer es su tonalidad rojo amarillento, que suele generar imágenes muy cálidas.

En cambio al medio día la luz es cenital, con un ángulo de incidencia de alrededor de 90 grados, que provoca sombras y altas luces muy pronunciadas. Esta condición lumínica tan contrastada generalmente excede la latitud de los sensores de las cámaras fotográficas, lo que impide que se pueda registrar todo el rengo de iluminaciones de la escena. Como consecuencia se producen recortes del mencionado rango, que se evidencian como sombras sin detalles (totalmente cerradas) o altas luces quemadas (sin detalles).

En cuanto a su tonalidad, la luz del mediodía de un día despejado es blanca y la de un día nublado tiene una coloración azul.

 

Luz artificial.

Con el exposímetro de la cámara o con un fotómetro se puede determinar el tiempo de exposición correcto para la fotografía con la luz artificial.

El exposímetro se utiliza de igual manera que para las mediciones con luz natural.

Sin embargo, con la luz artificial se obtiene los valores más precisos mediante la medición directa sobre una cartulina gris colocada delante del objeto (suele recomendarse que la cartulina sea del 18% de gris).

Las fotografías con luz artificial, de preferencia, deberían realizarse con trípode, aún cuando la iluminación artificial empleada y la sensibilidad de los sensores permitieran superar el límite de 1/60 de seg. (límite para realizar fotografías a pulso).

Existen dos grandes grupos de fuentes de luz artificial: las fuentes de luz continua y las de luz discontinua.

El primer grupo se refiere a las lámparas incandescentes, fluorescentes, halógenas, etc., de encendido prolongado. Estas luces suelen tener balances de blanco que no son equilibrados, resultando imágenes con ciertos colores dominantes cuando la toma se hace con este tipo de iluminantes.

Mientras que las fuentes de luces discontinuas hacen alusión a los flashes de estudio y flashes portátiles; que iluminan sólo por fracciones de segundo y producen una luz blanca semejante a la del sol de mediodía.

Los diferentes tipos de luz actúan sobre los sensores de manera totalmente distinta a lo que ven nuestros ojos. Lo mismo cabe decir de la combinación de luz natural con luz artificial, que suele generar efectos lumínicos muy curiosos y, en algunos casos, muy creativos.

Normalmente las fuentes de luz emiten en todas direcciones y, a menos que se la controle, solamente una parte de ella llega al sujeto o escena a fotografiar, mientras que la mayor parte se pierde.

En la práctica la lámpara suele estar provista con un reflector que orienta la luz de forma adecuada y que intercepta los rayos de luz que se perderían, desviándolos hacia el sujeto o la escena de interés.

Es recomendable que cada lámpara tenga su reflector, que concentre la luz y la proyecte al sujeto o que la distribuya en un espacio mayor o menor. Estos reflectores pueden ser fijos o intercambiables, siendo recomendables estos últimos.

Según la forma y el tamaño del reflector, la luz puede extenderse para proporcionar una iluminación general o puede concentrarse para aclarar una zona pequeña del sujeto.

Esta posibilidad es muy importante, porque la luz suele ser el elemento que permite resaltar o destacar el punto de interés de la escena / toma.

La forma y el tamaño de los reflectores inciden directamente en la manera en que se concreta la luz sobre el objeto, escena, etc. Por ejemplo, rebotando la luz sobre papel arrugado se obtiene luz difusa y se gana detalle (fenómeno que se conoce como reflexión difusa).